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2020 – Muestra “La fuente de la Damaluna”

2020 – En Museo Juan Manuel Blanes

Desde 7 de Agosto a 27 de Setiembre de 2020

 

La Damaluna fue creada aproximadamente hace 30 años, y viene creciendo de exposición en exposición, la veo como una semilla cósmica que se va desplegando con el tiempo, abriendo su belleza, trayendo mensajes de quién sabe dónde; ofreciéndose.
Ya fue expuesta en sótanos, en criptas jesuíticas, en montañas; como una niña apocada, una diosa, una madre, una guerrera. Ahora por primera vez está en un hábitat acogedor, recibiendo placenteramente sobre su cuerpo hilos de agua y luz.
Con la curaduría de la Arq. Cristina Bausero, la intervención atraviesa el predio del museo por su eje central, con esculturas de gran formato: Fontana, Ícona y Airosa.
Al llegar al claustro encontramos la matriz de la muestra, donde el agua y la luz bañan el cuerpo de la Damaluna, al compás del diseño sonoro creado por Juanita Fernández, mientras las Cascadas (esculturas móviles de aluminio, levísimas) giran alegremente sobre la fuente.
Aves, plumas y formas femeninas inundan el museo de frescura y levedad.
Verónica Artagaveytia

 

Fotografías de Ona Oyarzabal

 

VERÓNICA ES SU OBRA…

 

La obra de Verónica Artagaveytia es una búsqueda por la materia, una necesidad de expresar y multiplicar. El arte y la vida en una imbricación profundamente fértil.
Verónica es su obra, y la obra de Verónica es su vida. Y no hablamos de autoreferencias o citas autobiográficas: la vida y el arte se encuentran en un tercer territorio, al que uno llega viajando en un espiralado ascenso.
Se inicia como básicamente en metal (aluminio, hierro, bronce) realizando grandes esculturas o “mini esculturas de uso portátil”, las “antijoyas”, el diseño textil (línea de vestimenta y vestuario teatral) y el dibujo a mano alzada, inmenso o pequeñísimo.

Lo leve y lo denso, lo pequeño y lo enorme danzando sin contradicciones a lo largo de toda su obra.

Actualmente la artista se vuelve más sutil, más simple, más esencial. Luego del largo viaje por tantas materias, vuelve a elegir el trazo, el dibujo de una sola línea…y más leve aún, la luz dibujando, la luz moviéndose en tramas sencillas, repicando…
Sus nuevos trabajos se centran en su propio cuerpo… En experimentarlo como un intersticio por donde se introducen vibraciones que pugnan por expandirse generando figuras de luz que se propagan en el acontecimiento artístico.
En los últimos años, tanto su obra escultórica (espirales en chapa de hierro o aluminio, las formas femeninas en fundición, los “dibujos en el aire” de hilo de metal) como sus dibujos digitalizados en grandes formatos, adquieren el carácter de productos de arte y están abocados al
embellecimiento de la vida cotidiana.

Adriana Filgueiras